Capítulo 2 — La carta que cambió cuarenta años de dolor
Me quedé sentado en el suelo de la habitación de mi hija, incapaz de apartar los ojos de aquella nota.
Mi hermano había escrito cada detalle.
La hora exacta en que Clara debía salir de casa.
La ruta que tomarían.
El lugar donde abandonarían el coche.
Incluso había anotado cómo debía quedar la escena para que pareciera un accidente.
Pero había una cosa que no aparecía en aquella primera página.
El motivo.
¿Por qué?
¿Por qué mi esposa se llevaría a nuestros hijos y fingiría sus muertes?
¿Por qué mi propio hermano la ayudaría?
Y, sobre todo…
¿Por qué ninguno de ellos había vuelto durante cuarenta años?
Revisé nuevamente la caja.
Debajo del dinero encontré una pequeña llave.
No pertenecía a ninguna cerradura de la casa.
También había una fotografía.
La levanté con manos temblorosas.
Era una foto de Clara con nuestros hijos.
Pero no estaba tomada en nuestra ciudad.
Al fondo aparecía un letrero que no reconocí.
En la parte posterior, Clara había escrito:
“Si alguna vez encuentras esto, significa que ya no puedo regresar.”
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué te hicieron? —susurré.
Entonces escuché unos pasos detrás de mí.
Me giré bruscamente.
Era mi sobrino.
—Tío, ¿qué estás haciendo?
Escondí la fotografía detrás de mi espalda.
—Encontré algo.
Su rostro cambió.
—¿Qué cosa?
—Una caja.
Miró la cama destrozada.
Después miró la caja metálica.
Y se quedó completamente inmóvil.
—¿Reconoces esto?
No respondió.
—Te hice una pregunta.
Mi sobrino tragó saliva.
—No sabía que todavía estaba aquí.
Aquella frase me heló más que cualquier otra cosa.