Mi patrimonio.
Mi reputación profesional.
Y posiblemente mis bienes matrimoniales para construir una vida paralela.
Pero todavía no entendía quién era realmente Matías.
Volví a escuchar la grabación.
Esta vez presté atención a una frase que antes había pasado por alto.
Renata preguntó:
—¿Estás seguro de que ella no sabe que Matías es beneficiario?
Mi corazón se detuvo.
Beneficiario.
Abrí inmediatamente los documentos que Mauricio había dejado en mi oficina.
Busqué los nombres.
Uno por uno.
Y entonces encontré algo.
Un número de póliza.
Una cuenta fiduciaria.
Y el nombre de Matías.
No como heredero de Mauricio.
Como beneficiario vinculado a una estructura financiera que utilizaba una cuenta matrimonial.
Sentí que el mundo se inclinaba bajo mis pies.
La mujer del hospital no era simplemente la otra persona en la vida de mi esposo.
Su hijo aparecía conectado a una estructura financiera que podía afectar directamente mis intereses.
Pero había una pregunta que todavía no tenía respuesta.