Nunca pensé que una persona pudiera sentir tanto dolor y aun así mantenerse completamente despierta.
Cada segundo en aquel suelo parecía interminable.
Pero algo dentro de mí había cambiado.
Durante meses había intentado convencerme de que Derek solo estaba pasando por una mala etapa.
Que sus disculpas eran sinceras.
Que sus padres eran simplemente difíciles.
Que algún día volvería a ser el hombre que conocí.
Esa noche entendí la verdad.
El hombre que prometió protegerme había elegido convertirse en mi amenaza.
Cuando logré abrir la rejilla de seguridad de la puerta trasera, mi cuerpo estaba cubierto de sudor y mis manos temblaban tanto que apenas podía sostener la herramienta.
Pero seguí.
No porque no tuviera miedo.
Sino porque sabía que si me quedaba allí, nunca volvería a recuperar mi vida.
Afuera hacía frío.
El aire nocturno golpeó mi rostro y por primera vez en horas sentí algo parecido a libertad.