Mi hijo publicó nuestra historia y escribió: “Mi padre fue a prisión porque mi madre destruyó nuestra familia”. Quise defenderme, pero cerré el teléfono y me quedé mirando las cartas rechazadas, la sentencia de siete años y la foto de nuestros cuatro hijos. Pensé que esa era toda mi condena… hasta que descubrí que mi ex tenía una nueva familia ligada directamente al hombre con quien lo traicioné.

Desde lejos, Alejandro levantó ligeramente la cabeza al verme.

Yo hice lo mismo.

No hubo amor.

Tampoco vi aquel odio del tribunal.

Solo dos personas que alguna vez compartieron una vida y que ahora pertenecían a historias diferentes.

Entonces entendí que quizá aquella era la única forma de paz que todavía podíamos darnos.

No recuperar lo que destruimos.

Sino dejar de destruir lo que los demás habían conseguido reconstruir.

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