Desde lejos, Alejandro levantó ligeramente la cabeza al verme.
Yo hice lo mismo.
No hubo amor.
Tampoco vi aquel odio del tribunal.
Solo dos personas que alguna vez compartieron una vida y que ahora pertenecían a historias diferentes.
Entonces entendí que quizá aquella era la única forma de paz que todavía podíamos darnos.
No recuperar lo que destruimos.
Sino dejar de destruir lo que los demás habían conseguido reconstruir.