—Porque los adultos tomamos decisiones equivocadas, mi amor. Pero me alegra que estés bien.
Mateo se quedó detrás de su padre, confundido.
Mauricio me miró con rabia.
—¿De verdad hiciste esto?
—Sí.
—Nos vas a echar con los niños.
—No los estoy echando sin recursos. Les di el plazo legal. Y tú sabías que esto iba a pasar cuando decidiste usar mi dinero para comprar otra casa.
Verónica palideció.
—No sabes de qué hablas.
Teresa abrió una carpeta y colocó las transferencias sobre la mesa.
—Sabemos exactamente de qué hablamos.
Por primera vez, Verónica no tuvo una respuesta rápida.
Mauricio tomó los papeles. Los leyó. Después me miró como si yo hubiera cometido una traición.
—Ese dinero era de la familia.
—No —dije—. Era mío.
—Papá siempre decía que debíamos cuidarnos entre