Ella intentó entrar otra vez.
Me interpuse.
—Y escucha bien: este departamento es mío. Lo compré antes de casarme. Si desprecias a mi familia, no tienes nada que hacer bajo mi techo.
Cerré la puerta.
Después cambié el código de la cerradura electrónica.
Detrás de mí, mi padre lloraba en silencio.
Afuera, Teresa comenzó a golpear la puerta mientras llamaba desesperadamente a su hijo.
Lo que ninguno de los dos sabía era que yo podía escuchar perfectamente aquella llamada desde la cámara del pasillo.
Y nadie podía imaginar lo que estaba a punto de pasar…