En menos de 10 días, Álvaro pasó de dar órdenes a responder preguntas durante horas.
Paula dejó de visitarlo. Primero dijo que Nico estaba enfermo. Después pidió espacio. Cuando supo que el piso podía quedar afectado por una reclamación, contrató su propio abogado.
Álvaro apareció una noche en Aravaca con ojeras y barba de varios días.
—Paula me ha dejado solo. Creo que solo estaba conmigo por el dinero.
—Eso tendrás que hablarlo con ella.
—Tenías razón.
—No confundas descubrir que ella quizá no te quería como imaginabas con descubrir que tú me querías a mí. No es lo mismo.
Álvaro bajó la mirada.
—Me equivoqué.
—Olvidar una fecha es equivocarse. Mantener otra familia durante años, ocultar dinero y preparar un divorcio para cargarme tus problemas son decisiones.
Álvaro lloró.
Clara creyó que sentiría satisfacción. Solo sintió cansancio.
Las semanas siguientes, la auditoría reconstruyó buena parte de las operaciones. Se recuperaron cantidades, Paula aceptó negociar la devolución de una parte y Mercedes tuvo que reintegrar transferencias que no podía justificar.
Joaquín decidió vivir separado durante un tiempo. No por Clara. Por Mercedes.
Clara, sin embargo, fue tajante con Nico.
—El niño no se usa como amenaza, ni como escudo, ni como argumento sentimental. Lo que le corresponda como hijo de Álvaro se protege.
Paula la miró sorprendida.
—Después de todo, ¿te importa?
—Me importa que un niño no pague por decisiones de adultos.
Parecía que todo empezaba a estabilizarse cuando el accidente volvió a cobrar importancia.
Álvaro no había respetado la recuperación. Volvió demasiado pronto al trabajo, dormía poco y vivía alterado. Durante una videollamada con inversores se desplomó.
Otra ambulancia.
Otra vez La Paz.
Otra vez el mismo pasillo blanco.