—Dudé de algo que me hicieron creer sobre mí mismo.
Suspiré.
—Pues acostúmbrate a la idea.
—¿Cuál?
—Vas a ser papá.
Javier comenzó a llorar.
Aquello terminó de romper mis defensas.
Meses después nos casamos en una ceremonia pequeña cerca del lago de Chapala.
Daniel entró caminando con bastón.
Se negó a usar la silla de ruedas ese día.
—No encontré una hermana después de treinta y seis años para salir sentado en sus fotos de boda —dijo.
Don Ernesto caminó conmigo.
Antes de llegar junto a Javier, se detuvo.
—Tu padre que te crió debería estar orgulloso.
—Espero que sí.
—Tu madre también.
Lo miré.
—¿Cuál de las dos?
Don Ernesto sonrió.
—Las dos.
Bruno también estuvo presente, limpio, peinado y con un moño que intentó arrancarse durante toda la ceremonia.
Algunas personas se rieron cuando el fotógrafo quiso apartarlo.