Y entonces Ricardo regresó.

Fue de madrugada.

Javier dormía en una habitación cercana porque las amenazas habían aumentado.

Escuché un golpe en la planta baja.

Luego cristales.

Javier apareció en el pasillo.

—Enciérrese con su familia.

Don Ernesto estaba conmigo esa noche porque Daniel había tenido fiebre.

Nos encerramos y llamamos a emergencias.

Desde arriba escuché gritos.

Ricardo no venía solo.

Había llevado a tres hombres.

Después supe que pretendían obligarme a retirar declaraciones y conseguir acceso a documentos y cuentas antes de huir.

Pero no llegaron lejos.

Javier logró contenerlos hasta que las patrullas llegaron.

Ricardo fue detenido nuevamente junto con los otros hombres.

Yo debería haber sentido alivio.

En cambio, cuando bajé las escaleras, vi a Javier tendido en el piso.

—¡Javier!

Un paramédico me apartó.

—Señora, déjenos trabajar.

Había sufrido una lesión grave durante el enfrentamiento.

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