La decisión que no podía seguir postergando
Frente al teléfono, la madre Caridad respiró hondo. Sabía que levantar el auricular significaba abrir una puerta que quizás nunca podría volver a cerrar. Podía llamar a la doctora Paloma y pedirle explicaciones. Podía comunicarse con la oficina del obispo y anticiparse a cualquier investigación. O podía guardar la cinta en un cajón, como había guardado durante tres años tantas preguntas sin respuesta.