No pude responder. Solo asentí, y me quedé en silencio mientras las luciérnagas comenzaban a iluminar el jardín. Julián siguió hablando con nuestra hija esa noche, contándole historias de cuando era niño, prometiéndole que la iba a cuidar desde donde estuviera. Yo lo escuchaba con el corazón deshecho, pero también, extrañamente, agradecida.
La última promesa de Julián: el regalo que mi esposo me dejó después de partir
