Parte 2: EL DÍA EN QUE MI EXESPOSO DESCUBRIÓ QUE YA NO TENÍA NINGÚN PODER SOBRE MÍ

El salón quedó en silencio.

Julian sonrió con tranquilidad mientras ayudaba a Emma a ponerse de nuevo sus pequeños zapatos.

Después tomó una copa de una bandeja y me la ofreció.

—¿Todo bien?

Asentí.

—Sí. Solo una conversación inesperada.

Marcus seguía inmóvil.

—¿Ustedes… se conocen?

Julian lo miró con cortesía.

—Claro.

Extendió la mano.

—Julian Rhodes.

Marcus la estrechó mecánicamente.

—Marcus Mercer.

—Lo sé.

Su empresa está entre las candidatas para una posible adquisición.

El rostro de Chloe perdió el color.

Marcus intentó recuperar la compostura.

—Estamos en conversaciones, sí.

Julian sonrió levemente.

—Lo estaremos hasta la próxima reunión del consejo.

Emma tiró suavemente de la manga de Julian.

—Papá, ¿puedo ir por un pastelito?

—Claro.

Pero primero pregúntale a mamá.

La niña levantó la vista hacia mí.

—¿Puedo?

Le acaricié el cabello.

—Solo uno.

Salió corriendo feliz.

Marcus la siguió con la mirada.

Después volvió a mirarme.

—¿Ella es…?

Julian respondió antes que yo.

—Nuestra hija.

Marcus guardó silencio.

Cinco años atrás había repetido muchas veces que yo nunca podría rehacer mi vida sin él.

Que nadie querría a una mujer “obsesionada con el trabajo”.

Ahora tenía delante exactamente lo contrario.

Una familia.

Una hija.

Y una tranquilidad que él nunca consiguió quitarme.

Chloe intentó romper el silencio.

—Bueno… todos seguimos adelante.

Sonreí.

—Exactamente.

Julian notó la tensión.

—¿Interrumpimos algo?

Negué con calma.

—No.

La conversación ya terminó.

Pensé que aquello sería el final.

Pero Marcus volvió a hablar.

—Evelyn…

Esperé.

—¿Nunca utilizaste aquellos archivos?

Sabía perfectamente a qué se refería.

Los registros financieros que había descubierto antes del divorcio.

Negué lentamente.

—No.

Chloe frunció el ceño.

—¿Qué archivos?

Marcus no respondió.

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