—Grace, lo siento tanto, mi amor. Tengo que irme.
El silencio cayó sobre la mesa como una manta pesada. La sonrisa de mamá se apagó lentamente.
— ¿No puedes quedarte diez minutos más? Es mi cumpleaños, Ricardo.
—De verdad no puedo. Lo siento muchísimo.
Le besó la mejilla, tomó el bolso y salió antes de que nadie pudiera detenerlo. El pastel de chocolate quedó intacto en el centro de la mesa. Mamá se dejó caer en la silla, tomó el tenedor y volvió a apoyarlo.
Chloe sale por la puerta
Chloe miraba fijamente por la ventana hacia donde había desaparecido el auto de Ricardo. De pronto se puso de pie.