A 3 semanas de casarse, volvió temprano a casa con flores para sorprender a su prometida. Pero antes de entrar en la cocina la vio derramar vino a propósito sobre el suelo que la empleada acababa de limpiar. “Límpialo otra vez”, ordenó ella. Él retrocedió sin hacer ruido y ocultó que lo había visto. Lo que descubrió durante los días siguientes fue mucho peor.

—¿La mesa 8 va junto a la pista o cerca del bar? —preguntó Marisol.

—Cerca del bar.

—Antes entendí que junto a la pista.

Valeria la miró con fastidio.

—Haz lo que te estoy diciendo.

Horas después, cuando Alejandro regresó, Valeria lo esperaba con el plano arrugado entre las manos.

—Ya no puedo más.

Ricardo también estaba allí.

—¿Qué pasó?

—Le expliqué a Marisol 3 veces cómo acomodar las mesas y volvió a hacerlo mal.

Marisol entró justo en ese momento.

—Pregunté por la mesa 8 porque las instrucciones cambiaron.

Valeria se giró.

—Eso es mentira.

—Usted primero dijo junto a la pista.

—Nunca dije eso.

Alejandro miró a ambas.

No había escuchado la conversación.

Valeria parecía indignada.

Su padre lo observaba esperando una decisión.

Y Alejandro cometió el error que después más le costaría perdonarse.

—Marisol, quizá lo mejor sea que te tomes unos días hasta que pase la boda.

El silencio fue inmediato.

Marisol dejó sobre una mesa los manteles que llevaba.

—Entiendo.

—No te estoy despidiendo —aclaró Alejandro—. Solo quiero evitar más tensión.

Marisol lo miró directamente.

—Llevo 8 meses viviendo prácticamente aquí, cuidando a su abuela, trabajando para ustedes y obedeciendo todo lo que me piden.

Alejandro bajó la voz.

—Lo sé.

—Entonces, si después de 8 meses todavía necesita preguntarse quién está diciendo la verdad, creo que ya tengo mi respuesta.

Marisol tomó sus cosas y se marchó.

Esa noche, Alejandro no pudo dormir.

A la mañana siguiente fue al cuarto de doña Elvira.

—Abuela, necesito saber qué está pasando.

La anciana lo miró durante varios segundos.

—Ahora sí estás listo para escuchar.

Y lo que comenzó a contarle hizo que Alejandro comprendiera que el vino derramado en la cocina no había sido ni siquiera lo peor.

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