—Ella no tiene derecho a estar orgullosa de esto.
Se hizo silencio.
—Mark apenas podía cruzar una habitación —continuó—. ¿Y vamos a creer que él decidió todo esto con la cabeza clara?
—Él lo decidió, Violet.
—Tú lo aceptaste.
—Sí. Honré la última voluntad de mi esposo.
—Al menos eres honesta en algo.
Me fui. Pensé que el silencio era una forma de piedad. Esa misma tarde, la tía de Mark se acercó y me preguntó si él estaba tomando algo que le hubiera afectado el juicio. Violet ya había empezado a sembrar la duda.
Esa noche entré en la habitación de Cecelia, conecté la memoria USB y ahí estaba Mark, más delgado de lo que recordaba.
—Si me estás viendo porque me extrañas, apaga esto —dijo él en la pantalla.
—No me mandas más —le contesté al aire.
—Mamá me pidió que no donara. Después me preguntó si la decisión era mía o tuya.
Se me heló la respiración.
—Le dije que era mía. Ella no soporta la idea de que un desconocido reciba algo de mí. Entiendo por qué. Pero el duelo no le da derecho a convertirte en la villana.
Pausé el video con las manos temblando.
—Tú lo sabías —le hablé a la pantalla congelada—. Sabías que ella iba a hacer esto, y nunca me lo dijiste.
Fue la primera vez que me enojé con él desde su muerte. Se sintió horrible. Y también honesto.
La línea
Dos días después, Violet volvió con una manta bordada.
—He estado pensando que Cecelia debería llevar el nombre de Mark de alguna forma.
—Ya elegimos el nombre.
—Debería tener algo de su padre.
—No necesita el nombre de él para ser su hija.
