Su hija murió hace dos años, pero la escuela la llamó para decirle que Lucy estaba allí: lo que descubrió después la dejó sin palabras.

—¿Irnos?

—Ahora.

—Es Lucy.

—No sabes quién es esa niña.

Margaret lo miró fijamente.

—¿Por qué estás tan asustado?

Colin no respondió.

Durante el trayecto hasta la escuela transcurrió prácticamente en silencio.

Y Margaret comenzó a recordar algo que llevaba mucho tiempo evitando.

La muerte de Lucy siempre había tenido aspectos que no comprendía.

Colin había realizado prácticamente todos los trámites.

Él había hablado con el hospital.

Él había organizado la cremación.

Él había guardado los documentos.

Y Margaret, destruida por el dolor, nunca hizo preguntas.

Ahora empezaba a preguntarse por qué.

Una niña con demasiados recuerdos

El director Álvarez abrió la puerta.

La niña estaba sentada en una silla.

Tenía aproximadamente trece años.

Era más alta que Lucy.

Su cabello era diferente.

Pero cuando levantó la mirada, Margaret dejó de respirar.

Tenía los mismos ojos.

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-Mamá…

Margaret corrió hacia ella.

La abrazó con desesperación.

La niña rompió a llorar.

—Pensé que nunca vendrías.

Colin permaneció inmóvil en la puerta.

—No puede ser —murmuró.

Entonces la niña lo miró.

Su expresión cambió.

—Tú.

Colin retrocedió.

-No.

—Tú me dijiste que mamá nunca me encontraría.

Margaret se separó lentamente de la niña.

—¿Qué acaba de decir?

Colin palideció.

—Está confundida.

Pero la niña económica con la cabeza.

—No estoy confundida.

Luego sacó de su bolsillo una pequeña pulsera de tela.

Margaret reconoció inmediatamente el objeto.

Ella misma se la había comprado a Lucy en su décimo cumpleaños.

—¿Dónde conseguiste eso?

—Me la pusieron cuando me llevaron.

Margaret sintió que las piernas le fallaban.

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