—¿Por qué una póliza a mi nombre tiene como beneficiario a mi esposo y entra en vigor justo después de que mi madre quedó encerrada?
—No sabes de qué estás hablando.
—Entonces explícalo.
Sergio abrió la boca.
La cerró.
Pilar lo miró.
Nuria también.
Ya no parecía una discusión entre una esposa desconfiada y un marido cansado.
Había documentos.
Había transferencias.
Había una mujer de 71 años encerrada en una habitación.
Y había una grabación.
Lucía tomó el teléfono y mostró que la grabación seguía guardada.
No reprodujo todo.
Solo dejó que Sergio viera la pantalla.
—Desde que entré, has estado hablando como si todavía tuvieras el control.
Sergio respondió con una voz más baja.
—Lucía, no entiendes lo que pasó.
—Entonces dime una cosa.
Ella señaló la habitación de Carmen.
—¿Por qué estaba encerrada?
Sergio no contestó.
Nuria bajó la mirada.
Pilar fue la primera en hablar.
—Decían que era por seguridad.
Lucía giró hacia ella.
—¿Quién decía?
Pilar tardó unos segundos.
—Sergio.
La respuesta cambió otra parte de la historia.
Hasta ese momento, Lucía había pensado que Pilar y Nuria podían haber participado activamente en el engaño.
Pero ahora aparecía otra posibilidad.
Sergio había podido convencerlas de que cuidar a Carmen significaba mantenerla aislada.
Eso no las liberaba de responsabilidad.
Pero explicaba por qué cada una parecía conocer solo una parte.
Lucía regresó con su madre.
Carmen tenía los ojos abiertos.
—¿Nos vamos?
—Sí.
—¿Hoy?
—Hoy.
Lucía empezó a preparar una bolsa con sus cosas esenciales.
No tomó muebles.
No tomó fotografías familiares.
No quiso discutir por el dinero en ese momento.
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