—Disculpa, ¿puedo hablar contigo un momento?
Chris me miró de reojo.
—¿Para qué?
—Nada importante.
Me levanté y caminé unos pasos.
Le expliqué al mesero que yo pagaría únicamente mi consumo y el platillo de cumpleaños de mi suegro.
Todo lo demás tendría que quedar separado según lo que hubiera pedido cada persona.
El mesero confirmó que había entendido.
Regresé a mi lugar.
Nadie sospechó nada.
De hecho, sucedió lo contrario.
Mi cuñada pidió otra botella.
Uno de los hermanos de Chris agregó un corte más grande.
—Ya que estamos aquí, hay que aprovechar —dijo entre risas.
Chris escuchó el comentario.
No dijo nada.
Yo tampoco.
La cena siguió.
Y mientras todos comían, me di cuenta de que aquella noche ya no se trataba del dinero.
Era una prueba.
Quería ver hasta dónde llegaría la gente cuando estuviera convencida de que otra persona pagaría la consecuencia.
La respuesta fue bastante clara.
Siguieron pidiendo.