Mateo levantó el rostro, temblando, pero con una furia nueva en los ojos.
—No. Mi mamá me dijo que si algo le pasaba, llamara a la licenciada Gálvez.
El silencio cayó como una losa.
La licenciada Gálvez era la abogada de Valeria.
Y era la única persona que sabía que Valeria había cambiado su testamento 2 semanas antes del accidente.
Sergio cerró la puerta con fuerza.