Ellos habían jurado que yo había salido sola de la casa.
El video demostraba que mentían.
Aun así, la agente Ramírez me pidió que fuera a la fiscalía.
Cuando llegué, había tres investigadores y una computadora sobre la mesa.
—Recuperamos una copia de seguridad del celular de tu mamá —me dijo.
Sentí náuseas.
Patricia había borrado varios archivos después del ataque, pero algunos seguían guardados en la nube.
La agente abrió una carpeta.
Vi miniaturas de videos.
El garaje.
La camioneta.
El callejón.
Mi madre no había grabado unos segundos.
Había grabado casi toda la noche.
Ramírez puso la mano sobre el mouse y me preguntó si estaba preparada.
Yo asentí.
Entonces comenzó la reproducción, y la primera voz que salió de las bocinas fue la risa de mi madre.
Pero lo que se escuchó después iba a destruir para siempre la última mentira que mis padres todavía podían sostener…