No estaban arrepentidos.
Estaban construyendo una historia para convertirlos a ellos en víctimas.
—Además —añadió Ramírez—, ya empezaron a llamar a familiares y conocidos diciendo que eres inestable.
Ahí entendí que no solo habían intentado destruir mi cuerpo.
También estaban intentando destruir mi palabra.
Y yo todavía no sabía hasta dónde llegarían para proteger el secreto escondido en aquella carpeta.
No podía creer lo que estaba a punto de descubrir…
PARTE 2
Tres días más tarde, mi abogada llegó al hospital con una caja de documentos recuperados de mi departamento.
Entre recibos, contratos y papeles viejos apareció la carpeta azul.
Sentí que el corazón se me detenía.
Una semana antes del ataque yo había estado revisando archivos familiares por la sucesión de mi abuela. Mis abuelos habían creado años atrás un fideicomiso para proteger propiedades, inversiones y dinero destinado a estudios, apoyos médicos y herencias de hijos y nietos.