Daniel y Camila habían hablado allí creyendo que nadie los escuchaba.
Durante varios segundos no dijo nada.
Entonces Camila susurró al fondo:
—Cuelga.
—Hay algo más —dije.
Miré el estuche vacío del brazalete.
—La joya que Camila lleva puesta es falsa.
—¿Qué?
—El brazalete verdadero de mi madre está desde hace 8 meses en una bóveda bancaria.
Camila soltó una maldición.
—Lo que robaste anoche es una réplica.
Daniel respiraba cada vez más rápido.
—Valeria, escúchame. Podemos arreglar esto.
—No.
—Estás exagerando.
—Tú me mandaste una fotografía usando propiedad que sacaste de mi casa mientras intentabas abandonar el país con documentos de la empresa.
Silencio.
—Pensaste que ibas a dejarme sin nada —continué—. El problema, Daniel, es que subestimaste a la persona equivocada.