El suelo pareció desaparecer bajo mis pies.
Cinco años de matrimonio se rompieron en pocos minutos.
Recordé las horas extra, la ropa que no me compraba, los préstamos que había pagado y las veces que defendí a Sergio delante de mi familia.
No era solo un hombre perezoso e infiel.
Era alguien dispuesto a dejar morir a su propia abuela por dinero.
Me senté en el suelo y lloré hasta que ya no me quedaron lágrimas.
Doña Mercedes no me dijo que me calmara. Esperó en silencio.
Cuando levanté la cabeza, preguntó:
—¿Has visto suficiente?
Asentí.
—Entonces deja de ser la víctima de esta casa. Ayúdame a cerrar esta historia.
Me puse de pie.
—Estoy lista.
Poco después llegó un auto negro. De él bajaron un hombre de traje, un médico y dos personas de seguridad.
El hombre se presentó como Adrián Vega, abogado personal de doña Mercedes desde hacía más de veinte años.