El gato viejo que dejó de esperar cuando una mujer abrió su puerta

Sentí un nudo en la garganta.

“¿Sabéis cuál?”

“No puedo darte datos personales así sin más”, dijo con suavidad. “Pero puedo dejar tu número por si alguien de la familia quiere ponerse en contacto.”

No me gustó oír “familia”.

No porque quisiera juzgarlos.

La vida a veces aprieta por sitios que los demás no ven.

parte2

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *