PARTE 2: LA PRUEBA QUE LO CAMBIÓ TODO

Avancé como pude hasta la casa de la vecina más cercana.

Era la señora Evelyn, una mujer de setenta años que siempre saludaba desde su jardín.

Golpeé su puerta con las pocas fuerzas que me quedaban.

Cuando abrió y me vio en el suelo, su rostro cambió por completo.

—Dios mío… ¿qué te pasó?

Intenté responder.

Pero solo pude decir un nombre.

—Derek.

Esa palabra fue suficiente.

Ella llamó al 911 inmediatamente.

Mientras esperaba la ambulancia, saqué mi teléfono escondido dentro del bolsillo de mi chaqueta.

El mismo teléfono que Derek creía que había roto semanas atrás.

La pantalla estaba dañada.

Pero todavía funcionaba.

Y entonces recordé algo.

Tres meses antes, después de la primera amenaza seria de Derek, había instalado una aplicación de grabación automática.

No porque quisiera destruir mi matrimonio.

Porque una parte de mí ya sabía que algún día necesitaría demostrar la verdad.

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