Durante los meses siguientes, la oficina cambió.
Se eliminaron frases como “cliente de valor” de ciertos protocolos internos y se sustituyeron por criterios objetivos de complejidad de operación. Los tiempos de espera empezaron a medirse sin distinguir por patrimonio. Las reclamaciones descendieron. Miguel implantó una norma sencilla: quien llegara con una incidencia debía recibir una explicación concreta antes de ser derivado a una máquina o a otro canal.Organiza Tu Agenda
Sara comenzó su rotación en Carabanchel.
El primer día atendió a una mujer de 74 años que llevaba en una bolsa varios recibos, una libreta antigua y notas escritas a mano. La mujer se disculpó 3 veces por no entender la aplicación móvil.
Durante un segundo, Sara sintió el impulso de señalarle el cajero.
Entonces recordó la carpeta de cartón de Arturo.
Se levantó de su silla, rodeó el mostrador y se sentó junto a la mujer.
Tardaron 26 minutos.