Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

David dejó de sonreír.

—Eso no demuestra que hubiera discriminación. En banca privada necesitamos priorizar perfiles…

—Priorizar operaciones no significa humillar personas —respondió Elena.

Arturo no alzó la voz.

—Ayer no pedí privilegios. Pedí que comprobaran un bloqueo. Si Sara hubiera tecleado el número, habría tardado menos de 1 minuto. Si usted hubiera salido de su despacho, habría tardado todavía menos en descubrir quién era yo. Pero ese no es el problema.

Se acercó al mostrador.

—El problema es que, cuando creyó que yo no podía beneficiarle, decidió que mi tiempo no valía nada.

David miró a los clientes que ya observaban la escena. Intentó recuperar el control.Servicio de atención al cliente

—Señor Valdés, llevo 12 años en este grupo. Esta oficina ha superado objetivos durante 19 meses consecutivos. El trimestre pasado aumentamos un 18% la captación de patrimonio. No se puede juzgar una carrera por una mañana desafortunada.

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