—Por eso no lo estoy dejando sin empleo. Su familia no tiene que pagar por su arrogancia. Pero tampoco puedo premiarla con un despacho de cristal.Diccionarios y enciclopedias
David miró el documento. El nuevo puesto implicaba menos incentivos y ningún vehículo corporativo, pero conservaba el salario base durante el periodo de adaptación. Podía rechazarlo y negociar su salida.
Firmó.
No lo hizo por humildad. Lo hizo porque todavía no estaba preparado para perderlo todo.
Después Arturo se volvió hacia Sara.
Ella tenía los ojos húmedos, aunque intentaba mantenerse erguida.
—Yo solo seguí instrucciones —dijo.
Miguel cerró los ojos un instante. Era la misma frase que esperaba escuchar.
Arturo respondió con calma.
Ayer, antes de hablar con David, usted ya me había juzgado. Nadie le ordenó mirar mis zapatos y decidir que mi cuenta no merecía abrirse.
Sara bajó la cabeza.
—Tiene razón.
La respuesta sorprendió incluso a Arturo.
Sara explicó que, desde su ascenso 4 meses antes, David repetía que aquella sucursal debía “parecer cara” y que los empleados tenían que proteger la experiencia de los clientes premium. Había aprendido rápidamente que quienes recibían elogios eran los que cerraban productos rentables, no quienes resolvían problemas pequeños. Con el tiempo, empezó a confundir exigencia comercial con superioridad.Implementa Un CRM
No intentó justificarse más.
—Ayer fui cruel. Y lo sabía mientras lo hacía.
Arturo guardó silencio.
—Eso cambia algo —dijo al fin—. No lo arregla, pero cambia algo.
Sara no fue despedida. Durante 6 meses sería trasladada al equipo de recepción general de una oficina de barrio, donde atendería sin segmentación previa y participaría en formación sobre trato al cliente y sesgos comerciales. Su ascenso quedaba suspendido.