Las cámaras correspondientes al área no habían proporcionado imágenes útiles.
Había un fallo.
Además, algunos teléfonos de emergencia tampoco habían funcionado.
No había testigos dispuestos a declarar.
David escuchó.
No acusó.
Todavía.
Pero su trabajo actual seguía siendo seguridad.
Sabía distinguir entre una mala noche y demasiadas coincidencias.
Una cámara podía fallar.
Un teléfono podía estar averiado.
Un testigo podía no ver.
Todo al mismo tiempo empezaba a formar otra clase de pregunta.
Alguien llevó una bolsa transparente.
Dentro estaba la sudadera rota de Nora.
David no la tocó directamente.
La bolsa tenía una pieza pequeña atrapada entre la tela.
Un papel.
Manchado.
Rígido por haberse secado parcialmente.
Había tres nombres.
Chad Kensington.
Brantley Sterling.
Wyatt Holbrook.
David los leyó una vez.
Después otra.
No conocía personalmente a los jóvenes.
Sí conocía los apellidos.
Era difícil no conocerlos.
Kensington estaba ligado a una familia con enorme presencia en el negocio de la construcción.
Sterling era hijo de una mujer con influencia política en asuntos militares.
Holbrook pertenecía a una familia detrás de una empresa de defensa multimillonaria.
David volvió a mirar a Nora.
Tres muchachos con apellidos poderosos.
Una hija gravemente herida.
Cámaras que no funcionaban.
Teléfonos caídos.
Ausencia repentina de testigos.
El siguiente paso debía haber sido una investigación.
El detective llegó.
David esperaba preguntas.
Hora.