Seis Fracturas, Tres Apellidos Y Un Padre Que Había Enterrado Su Pasado-silas

David volvió a mirar a Nora.

Tres muchachos con apellidos poderosos.

Una hija gravemente herida.

Cámaras que no funcionaban.

Teléfonos caídos.

Ausencia repentina de testigos.

El siguiente paso debía haber sido una investigación.

El detective llegó.

David esperaba preguntas.

Hora.

Lugar.

Posibles testigos.

Recuperación de registros.

No fue lo que recibió.

El hombre apenas miró hacia Nora.

—Estos casos son complicados.

David esperó.

—No tenemos video.

Pausa.

—No hay testigos.

Otra.

—Puede que sea difícil hacer mucho.

David observó sus manos.

Había aprendido a mirar detalles cuando alguien hablaba.

No porque siguiera siendo el Phantom Commander.

Porque ciertas costumbres no desaparecen.

El detective parecía controlado hasta que mencionó Holbrook.

Entonces le temblaron los dedos.

Apenas.

Suficiente.

David no sabía por qué.

No iba a inventar una explicación.

Pero lo anotó mentalmente.

—Entonces supongo que su investigación terminó —dijo.

El detective exhaló.

Alivio.

Demasiado rápido.

David entendió algo.

El hombre creía que acababa de recibir permiso para retirarse.

—Necesitaré algunos datos de contacto —añadió.

David se los dio.

No discutió.

El detective se alejó.

David volvió junto a Nora.

Ella tenía los ojos cerrados.

La mano seguía abierta sobre la sábana.

David la tomó otra vez.

Durante 19 años había vivido esperando no necesitar nunca lo que había dejado atrás.

Había sido comandante David Vance.

Jefe de Task Force Vanguard.

Dentro de aquel mundo existía otro nombre.

Phantom Commander.

No era algo que Nora supiera.

Tampoco algo que David quisiera recuperar.

Su pasado estaba hecho de operaciones que no aparecían en conversaciones ordinarias.

Personas con las que había trabajado durante años.

Hombres que habían prometido una cosa sencilla.

Si alguna vez llamaba, contestarían.

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