Le prometió algo que podía controlar.
—No voy a dejarte sola.
Nora cerró los ojos.
David esperó hasta que su respiración se estabilizó.
Después salió nuevamente al pasillo.
Bishop llamó.
—La primera conexión es real.
David escuchó.
La persona con acceso a las cámaras no demostraba todavía quién las había desactivado.
Solo demostraba que una relación existía.
—Necesito más.
—Lo sé.
—¿Los demás?
—Trabajando.
La vieja eficacia de Bishop seguía intacta.
Eso produjo en David una sensación extraña.
Familiaridad.
Y peligro.
No por Bishop.
Por lo sencillo que resultaba deslizarse de nuevo hacia la persona que había sido.
—Comandante.
David no respondió.
—Hay algo más.
—Dime.
—Los teléfonos de emergencia.
David se enderezó.
—¿Qué?
—La interrupción no parece completamente separada del sistema de cámaras.
David miró hacia la puerta de urgencias.
—¿Confirmado?
—Todavía no.
—Entonces no lo trates como confirmado.
Bishop guardó silencio.
Después soltó una breve respiración.
—Sigues siendo tú.
David miró a Nora.
—No.
—David…
—Soy su padre.
Bishop entendió.
Eso significaba que la investigación no debía convertirse en una operación de guerra.
Nadie iba a ser perseguido porque tuviera un apellido.
Nadie iba a ser castigado por asociación.
Cada vínculo debía sostenerse.
Cada registro debía conservarse.
Cada dato borrado, si realmente había sido borrado, debía poder demostrarse.
—¿Quieres que llame a los demás?
David tardó.
Mitchell.
Lawson.
Park.
El pasado estaba al otro lado de una sola respuesta.
Nora hizo un pequeño movimiento en la cama.
David cerró los ojos.
—Sí.
Bishop quedó callado.
—Pero escucha bien.
—Te escucho.
—No quiero soldados.
Pausa.
—Quiero gente que sepa encontrar hechos.
Bishop respondió:
—Entendido.
David pensó en las palabras del detective.