incent asumió que quería dinero.
No era una suposición extraña.
—Hoy no.
El niño pudo irse.
No lo hizo.
Eso fue lo primero que llamó la atención.
Se acercó.
Cada paso lo llevaba hacia un hombre que muchos adultos evitaban incluso cuando necesitaban algo.
El muchacho parecía saber que Vincent era peligroso o, al menos, percibirlo.
Aun así caminó.
—Su hija no está enferma.
Vincent se puso de pie.
No por agresión inmediata.
Porque toda su atención cambió de dirección.
—¿Qué dijiste?
El niño no retrocedió todavía.
—No está perdiendo la vista naturalmente.
Aquella frase era extraordinaria.
No porque fuera automáticamente creíble.
Porque era específica.
Vincent había escuchado opiniones no solicitadas durante seis meses.
Remedios.
Historias.
Personas asegurando conocer tratamientos milagrosos.
Gente que confundía tragedia con oportunidad para vender algo.
Había aprendido a ignorar.