—Encontraron a Emilia.
Me puse de pie.
—¿Está viva?
—Sí.
La habían encontrado sedada dentro de una casa rentada cerca de Chapala.
La mujer que la vigilaba fue detenida.
Y aceptó hablar.
Pensé que diría que Julián había organizado todo.
No lo hizo.
Cuando el fiscal le preguntó quién le pagaba para mantener secuestrada a Emilia, la mujer respondió con un nombre.
Teresa.
La abuela de mi hija.
Y según su confesión, Sofía nunca había sido la primera niña de su plan.
Solo iba a ser la última.