Julián se los mezclaba a Sofía con jugo, leche o comida.
Ricardo firmaría la muerte.
Después la cremarían.
Y cuando no quedara cuerpo para una autopsia, presentarían los documentos necesarios para comenzar el proceso sobre el fideicomiso.
Pero Sofía no murió.
Cayó en un estado de inconsciencia profunda.
Ricardo llegó a revisarla y detectó un pulso débil.
—Tenemos que llamar una ambulancia —dijo.
Teresa se negó.
Lo sé porque una cámara de seguridad grabó aquella conversación.
Julián había instalado cámaras en varias habitaciones para vigilar a los empleados.
Los archivos se guardaban automáticamente en la nube.
La policía recuperó el audio.
Escuché la voz de Teresa.
—Si despierta en un hospital y habla, todos terminaremos en prisión.
Después escuché a Claudia llorar.
—Yo acepté ayudar con los papeles. No acepté matar a una niña.