Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

Escuchó todo.

No intervino.

Incluso sonrió.

Elena sintió que los dedos se le tensaban alrededor del asa de la bolsa. No estaba acostumbrada a que la humillaran de aquella manera.

Podría haber sacado su acreditación.

Podría haber llamado al director general.

Podría haber terminado la prueba en ese mismo momento.

Pero necesitaba saber hasta dónde llegaba el problema.

Así que respiró despacio.

—¿La señora Navarro? —llamó Marcos—. Ya puede entrar.

Elena avanzó.

Álvaro le susurró al pasar:

—Intenta no manchar las sillas.

La sala de entrevistas tenía una mesa larga, una pantalla enorme y ventanales desde los que se veía media ciudad.

Tres personas esperaban al otro lado.

El director de recursos humanos, Ricardo Salas, ocupaba el centro. Era un hombre corpulento de cincuenta y cuatro años, con un traje perfectamente ajustado y una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *