Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

Álvaro soltó una risa.

—Quizá redactó el currículum en una biblioteca pública.

Los demás volvieron a reír.

Elena sintió un dolor seco en el pecho. No por ella, sino por todas las personas que habían pasado por aquella sala sin poder defenderse.

Por quienes habían llegado nerviosos con su mejor camisa.

Por quienes habían ahorrado durante meses para comprar un traje.

Por quienes habían salido convencidos de que no valían nada.

—No saben quién soy —dijo Elena.

Beatriz la miró de arriba abajo.

—Eso está bastante claro.

—No. Lo que está claro es que no les interesa saberlo.

Ricardo agarró las hojas de la prueba.

—¿Quiere conocer nuestra opinión profesional?

Rompió el examen por la mitad.

Después volvió a romperlo y dejó caer los pedazos sobre la mesa.

—Esto es lo que pensamos de sus capacidades.

Elena observó los papeles.

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