Tomás miró a Álvaro.
El candidato palideció durante un segundo, pero enseguida recuperó la expresión desafiante.
—No sé de qué habla.
Elena mantuvo la voz baja.
—Yo tampoco conozco a ningún candidato tan extraordinario como para que un comité ignore los procedimientos, las pruebas y la ética. Pero tal vez una transferencia generosa consiga ciertas ventajas.
Ricardo se levantó de golpe.
—¿Está insinuando que aceptamos sobornos?
—Estoy diciendo que el proceso parece decidido de antemano.
—¡Esto es una acusación gravísima!
—Entonces será fácil demostrar que me equivoco.
Ricardo golpeó la mesa.
—¿Sabe con quién está hablando?
—Sí.
—Este es uno de los grupos financieros más importantes del país. No puede entrar aquí vestida de cualquier manera y lanzar acusaciones porque sabe que será rechazada.
Tomás señaló la puerta.
—Ya hemos escuchado suficiente.
Beatriz sonrió con frialdad.
—Seguro que está buscando una compensación. Algunas personas provocan una situación y después se presentan como víctimas.