Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

Elena explicó que el mayor riesgo no estaba en las cifras, sino en la pérdida de talento, la incompatibilidad de procesos y la falta de comunicación entre equipos.

Había trabajado en una operación semejante entre una compañía española y una mexicana. Durante seis meses había coordinado a cientos de empleados, reducido duplicidades y evitado despidos innecesarios.

No llevaba ni un minuto hablando cuando Tomás la interrumpió.

—Eso suena a trabajo de asistente.

—La operación tenía un valor de varios miles de millones —aclaró Elena.

—Todo el mundo dice haber participado en grandes operaciones.

—Pueden verificarlo en las referencias.

Ricardo empujó el currículum hacia un lado.

Seguía sin abrirlo.

—Ya llegaremos a eso.

Beatriz sacó un paquete de hojas.

—Tenemos una pequeña prueba.

Lo dejó caer delante de Elena.

Eran diez páginas llenas de tablas, proyecciones y datos contradictorios.

—Dispone de cinco minutos.

Elena hojeó el documento.

—El problema está incompleto.

—¿Ya está buscando excusas? —preguntó Tomás.

—Falta el coste de financiación y dos tablas usan monedas diferentes.

—Una verdadera líder sabe resolver imprevistos.

—Una verdadera líder también sabe identificar cuándo los datos no permiten una conclusión responsable.

Ricardo golpeó la mesa con el bolígrafo.

—Cinco minutos.

Elena comenzó a escribir.

En lugar de intentar resolver cada operación, separó las inconsistencias. Marcó los datos duplicados, corrigió las monedas y elaboró tres posibles escenarios.

A los tres minutos, Álvaro abrió la puerta sin llamar.

—Perdón —dijo, aunque no parecía arrepentido—. Me dijeron que podía esperar aquí cerca.

Ricardo le sonrió.

—No pasa nada, Álvaro.

—¿Cómo va todo?

Beatriz miró a Elena.

—Estamos comprobando si algunas personas saben sumar.

Álvaro se apoyó en el marco de la puerta.

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