Trece francotiradores fallaron el tiro imposible, pero una capitana olvidada pidió una bala y silenció a todos

Otro añadió:

—¡Y revise que nuestras cajas estén bien acomodadas, reina del almacén!

Las carcajadas siguieron por el camino.

Elena continuó andando sin cambiar el paso.

Sin embargo, mientras ellos se burlaban, ella había visto la leve cojera del tercero, el modo en que el cuarto protegía el hombro derecho y la velocidad del viento por el movimiento desigual de las banderas.

También calculó la distancia al polígono por el retraso del eco de una detonación.

Elena veía cosas que otros no notaban.

En el depósito, un recluta dejó caer una caja. Decenas de cartuchos se esparcieron por el suelo, mezclados por calibres y lotes.

—Ya la hice —murmuró el joven, pálido.

Elena se agachó a su lado.

Sin darle un sermón, separó cada pieza por tamaño, peso y marca de fabricación. Sus manos se movieron con rapidez, pero sin prisa.

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