Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

Me reí.

Mateo se quedó mirándome.

—No necesitas demostrarle nada a Esteban.

Mi sonrisa desapareció.

—No hago esto por él.

—Entonces deja de escuchar su voz cada vez que algo sale mal.

No contesté.

Porque tenía razón.

6 semanas después conseguí otra entrevista.

Empresa de logística.

Asistente administrativa.

La gerente de operaciones se llamaba Ana Robles.

Me pidió organizar una base de datos.

Encontré un número duplicado y una factura registrada 2 veces.

Ana levantó la mirada.

—¿Dónde aprendiste esto?

—En mi cuarto, después de trabajar.

3 días después me contrataron.

Llamé primero a mis padres.

Mi mamá gritó tan fuerte que tuve que separar el teléfono.

Mi papá le contó la noticia a medio pueblo.

Después llamé a Mateo.

—Me contrataron.

Hubo silencio.

—¿Estás llorando?

—No.

—Mateo.

—Tengo alergia.

Mi primer día llegué 45 minutos antes.

Mi supervisor se llamaba Salvador Cárdenas.

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