Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

Parte 1

A los 24 años, llevaba apenas 18 días en mi primer trabajo de oficina cuando 6 directivos me encerraron en una sala de juntas y pusieron frente a mí un reporte con un error de 900,000 pesos.

Mi nombre aparecía en el historial del archivo.

El supervisor financiero cruzó los brazos y dijo:

—No hay mucho que investigar. Valeria fue la última persona que lo modificó.

Sentí que se me enfriaban las manos.

18 días.

Eso era todo lo que me había durado el sueño por el que había dejado mi casa, mi familia y prácticamente todo lo que conocía.

Pero lo que nadie en aquella sala sabía era que yo había pasado los últimos meses aprendiendo justamente una cosa.

No aceptar como verdad algo solo porque alguien con más poder lo dijera.

3 meses antes había salido de un pueblo de Hidalgo con 1 maleta, 2,800 pesos y una carpeta llena de currículums.

Mi primo Esteban se rio cuando me vio subir mi equipaje al autobús.

—¿Ciudad de México?

—Sí.

—¿Sin trabajo?

—Voy a encontrar uno.

Miró a sus amigos.

—Escuchen eso. Va a llegar a Reforma con un currículum y van a entregarle una oficina.

Todos rieron.

Mi papá apretó la mandíbula.

—Ya estuvo, Esteban.

Pero él siguió.

—Tío, alguien tiene que decirle la verdad. Hay miles de personas con título allá. Algunas hablan inglés, tienen experiencia y contactos. Vale no conoce a nadie.

Mi mamá me tomó de la mano.

—No tienes que irte si no estás segura.

Yo sí tenía miedo.

Solo que no quería dejar que Esteban lo viera.

—Voy a ir.

Él sonrió.

—Te doy 1 semana.

Lo miré.

—Entonces empieza a contar.

Subí al autobús a las 6:20 de la mañana.

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