—No estoy llorando.
—Claro.
—Hay polvo.
—Estamos dentro de la casa.
—Puede haber polvo dentro.
Me reí.
Esa tarde saqué una laptop nueva.
Mi mamá abrió los ojos.
—Valeria, no necesitamos eso.
—No es para ustedes.
Mi papá pareció ofendido.
—Entonces no entiendo por qué la trajiste.
Abrí una página que había preparado durante meses.
Talleres gratuitos.
Excel.
Administración.
Entrevistas.
Currículums.
Herramientas digitales.
—Quiero empezar un programa aquí.
Mi mamá miró la pantalla.
—¿Para qué?
—Porque cuando llegué a Ciudad de México todo el mundo pedía experiencia antes de darme una oportunidad para conseguir experiencia.
Mi papá se sentó.
—¿Vas a conseguirles trabajo?
Negué.
—No.
—¿Entonces?
—Voy a enseñarles lo que yo aprendí. El resto tendrán que hacerlo ellos.
El primer taller tuvo 34 personas.
La última en quedarse fue una muchacha llamada Daniela.
Tenía 20 años.
—Valeria.
—Dime.
—Quiero irme a Ciudad de México.