MI ESPOSO, UN GENERAL, ME OBLIGÓ A PERDER A MI BEBÉ PARA PROTEGER A MI HERMANA… PERO NO SABÍA LO QUE MI PADRE HABÍA PREPARADO

Yo no contesté.

Se acercó a la cama.

—He estado pensando en lo que dijiste. Sé que estás enfadada, pero algún día comprenderás que podemos seguir siendo una familia.

Miré al niño dormido.

No tenía la culpa de nada.

Pero su madre había utilizado su existencia para justificar la desaparición de mi hija.

—¿Cómo se llama? —pregunté.

Ôn Nhiễm pareció sorprendida.

—Minh.

—Es bonito.

Mi hermana sonrió con satisfacción.

—Lục Kiêu lo eligió.

Sentí una punzada en el pecho.

Mi esposo también había elegido el nombre de nuestra niña.

An An.

Decía que significaba paz y que quería regalarle una vida tranquila.

Qué cruel podía llegar a ser una promesa cuando la pronunciaba la persona equivocada.

Mi madre se acercó a revisar mi historial.

—Tu recuperación será lenta. Debes evitar cualquier emoción intensa.

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