Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—Tardaste bastante.
—Quería estar seguro.
—¿8 años?
—Soy meticuloso.
Me reí.
—Yo también te amo.
Mateo se quedó inmóvil.
—¿Puedes repetirlo?
—No.
—Vale.
—Tal vez mañana.
1 año después me convertí en gerente de procesos.
Ana me entregó la carta de promoción personalmente.
—Te la ganaste.
Miré el documento.
Durante años había imaginado que un momento así se sentiría como una victoria sobre Esteban.
No fue así.
Ni siquiera pensé en él.
Eso fue lo que más me sorprendió.
El verdadero cambio no era que yo tuviera un mejor puesto.
Era que ya no necesitaba imaginar la cara de nadie para sentirme orgullosa.
Meses después regresé a Hidalgo.
Mateo condujo.
Mis padres nos esperaban afuera.
Mi mamá me abrazó primero.
Mi papá después.
—Mírate —dijo.
—No empieces.