Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

—Solo quería preguntarte si estás comiendo bien.

Me tapé la boca.

Había soportado reuniones.

Auditorías.

Interrogatorios.

Miradas.

Pero esa pregunta casi me rompió.

—Sí.

—¿Segura?

—Sí, mamá.

—Entonces escucha.

Su voz cambió.

—Esteban tomó decisiones de adulto. Tú no vas a pagar por ellas para que otras personas estén cómodas.

Cerré los ojos.

—Gracias.

—Y cuando vengas, tu papá dice que quiere tacos.

Escuché a mi padre.

—¡Yo no dije eso!

Mi mamá rio.

—Acaba de decir que sí.

Esa noche Mateo llegó a mi departamento.

No trajo flores.

Trajo pan dulce y 2 cafés.

—Excelente estrategia romántica —dije.

—Todavía no llego a la parte romántica.

—¿Hay una?

Se sentó frente a mí.

—Vale, llevo años intentando encontrar el momento correcto.

Lo miré.

—Eso suena peligroso.

—Lo es.

Respiró.

—Estoy enamorado de ti.

No dije nada.

Él continuó.

—Desde antes de que vinieras. Pero no quería convertirme en otro hombre diciéndote qué hacer con tu vida.

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