Parte 2: La heredera que fingió caer descubrió la traición más grande

Sentí sus dedos apartando mi cabello.

El mismo gesto que durante años había confundido con amor.

—Descansa, cariño.

Su voz era suave.

Demasiado suave.

—Mañana todo terminará.

No sabía que esa frase sería la última mentira que escucharía de él.

Porque mientras él creía que yo estaba inconsciente, mi teléfono estaba grabando.


Esperé hasta que salió.

Entonces abrí los ojos.

Mis manos temblaban.

No por miedo.

Por rabia.

Llamé al único número que podía salvarnos.

Mi padre.

Pero no contestó.

Lo intenté otra vez.

Nada.

Recordé entonces la conversación.

“Se dirigen a las montañas la próxima semana.”

No podían haber llegado todavía.

Pero alguien sí podía ayudarme.

Alguien que Flynn jamás sospecharía.

El capitán del barco.


A las 23:10, salí de la habitación.

No hacia la cubierta.

No hacia la trampa.

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