Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existe-dynana

Víctor siguió internado cuando el lugar que había prometido a Rita dejó de ser una casa, y durante varias horas nadie se atrevió a decirle que detrás de aquellas paredes ya no quedaba la vida que él daba por segura.

Todavía tenía molestias por la  cirugía, caminaba despacio y debía seguir las indicaciones médicas con cuidado, pero lo que más lo irritaba era otra cosa: Ana no contestaba sus llamadas.

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La primera noche pensó que estaba enojada.

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La segunda decidió que se le pasaría.

La tercera empezó a comprender que el anillo que ella había dejado encima de su reloj no había sido un gesto impulsivo.

Víctor lo guardó en el cajón de la mesa junto a su  cama.

No llamó a Ana para preguntarle por qué lo había dejado ahí.

Le escribió como había hecho durante veintidós años cada vez que quería que algo volviera a su sitio sin tener que disculparse.

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—Cuando puedas, tráeme una muda de ropa.

Ana leyó el mensaje y no respondió.

Después llegó otro.

—También necesito el cargador largo que está en mi buró.

Tampoco respondió.

Víctor todavía no entendía que esas pequeñas órdenes habían dejado de funcionar.

Durante años había confundido la constancia de Ana con obediencia, su manera de cuidar con falta de carácter y su costumbre de resolver problemas con la certeza de que jamás se iría.

Por eso, incluso después de haber hablado con Rita desde aquella habitación del  hospital y de prometerle una propiedad que ni siquiera estaba a su nombre, estaba convencido de que Ana regresaría.

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