En menos de un minuto Ethan tenía una mascarilla sobre el rostro.
—Saturación ochenta y seis.
—¿Qué?
—Está bajando.
—¡Llamen al hospital!
La ambulancia privada que esperaba fuera de la terminal fue llevada hasta ellos.
Ethan fue trasladado inmediatamente al Saint Catherine.
Durante el trayecto preguntó una sola cosa:
—Encuentren a Amelia.
A las 6:19 de la tarde, el doctor Samuel Brooks, director de cirugía cardiotorácica del Saint Catherine, recibió una llamada.
—¿Ya llegó la doctora Hart?
—No.
—¿Por qué?
—Tuvimos… un problema con el vuelo.
—¿Qué problema?
Marcus dudó.
—No subió.
Silencio.
—¿Cómo que no subió?
—La sacaron del avión.
El doctor Brooks creyó haber escuchado mal.
—¿Quién la sacó?
—La aerolínea.
—¿Por qué?
—Sobreventa.
El silencio que siguió fue mucho peor.
Brooks conocía el procedimiento.
Había dedicado dos meses a preparar aquel quirófano siguiendo cada una de mis especificaciones.
Equipo extracorpóreo especial.
Instrumentación importada.
Sistema de perfusión adaptado.
Banco de sangre reservado.
Dos cirujanos vasculares.
Tres anestesiólogos.
Un especialista en ECMO.
Más de veinte profesionales preparados para una sola intervención.
Todo aquello existía porque yo iba a llegar esa tarde.
—Dígame que esto es una broma —murmuró Brooks.
—No.