Ni cheques.
Ni guardaespaldas.
Solo se había sentado frente a mí durante cuarenta minutos y había hablado de su hermano.
No del heredero.
No del empresario.
Del hombre.
Me contó que Ethan había criado prácticamente solo a Claire después de la muerte de su madre.
Me dijo que seguía pagando los tratamientos de dos antiguos empleados enfermos.
Me mostró fotografías familiares que no habían aparecido nunca en revistas.
Fue Claire quien consiguió convencerme.
No el dinero.
Marcus no entendía eso.
Y acababa de destruir lo único que les quedaba.
Mientras caminaban hacia el vehículo que los esperaba fuera del aeropuerto, Ethan se detuvo de repente.
Apoyó una mano contra una columna.
—Señor Walsh…
—Estoy bien.
No lo estaba.
Su rostro había perdido color.
—Traigan oxígeno —ordenó Marcus.El médico que viajaba con ellos abrió una maleta de emergencia.