Ella miró la carriola donde dormía Lucía.
—Con lo demás, todos los días.
Gabriel asintió.
Por primera vez desde aquella noche del sobre blanco, Mariana sintió que esa respuesta era suficiente.
Porque algunas familias no empiezan con una promesa.
Empiezan cuando alguien deja de huir, otro deja de mendigar amor y ambos entienden que perdonar no significa olvidar, sino decidir qué hacer después con la verdad.