—Ahora te toca a ti.
Alejandro recordó el último cumpleaños de su hija. Había alquilado un local exclusivo, contratado animadores y encargado una tarta enorme. Él llegó 50 minutos tarde por una videollamada. Al acostarla, Lucía le preguntó por qué todos decían que la fiesta había sido perfecta si él no había estado.
Entonces se volvió hacia Marta.
—¿Por qué no me lo pediste?
—Porque pensé que diría que no.
La respuesta le dolió.
—¿Por qué?
Marta respiró hondo.
—Porque Lucía ya sabe qué cosas puede pedirle y cuáles no. Si quiere que vaya a una función del colegio, primero pregunta si tiene reunión. Si quiere cenar con usted, mira su agenda antes de ilusionarse.
Alejandro apretó la mandíbula.
Beatriz intervino.
—No tienes derecho a hablarle así. Eres una empleada.
Marta asintió.
—Lo sé.
Lucía tomó su mano.